lunes

Hoy fue raro el Abasto: el sol brillaba, dolía, pero bien, dulcemente, y sin embargo, me sentía un emo. Iba escuchando este disco que se debe anticipar a muchas cosas que nunca terminan de cobrar forma. "Formas negras del Abasto", me susurró Julien, mientras cruzábamos Agüero. Era el momento en que Brian Molko canta "ni siquiera la buena merluza / me puede esconder" y las caras se volvían más raras, más agresivas que cualquier otra mañana. Uno lo entiende, me dice: el Abasto es plastilina, el Abasto no existe, el Abasto es puro ruido que desaparece cuando lo dejás de escuchar. Es así. Acá no corren las parábolas chinas. Si el árbol se cae y no hay nadie en el bosque, el árbol no existe. Lo mismo para el Abasto: si no caminás las calles de esta Illinoise sureña y caótica una mañana hermosa entre el ruido de la gloria y la paranoia, lo que tenés alrededor no existe. Y eso se lleva a la gente, a los sentimientos, a las historias. Por eso es necesario, me decía Julien, que escuches "Spite And Malice" y te sientas un niño de 15 con mochila de Linkin Park. Eso está bien. Proteger lo que es tuyo. Darle sentido a tu paisaje. Todo eso está bien.

Placebo - Black Market Music (2000)

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